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ISSN 1989-4163

NUMERO 19 - ENERO 2011

Haciendo (o No) el Parvo

Marta Rivera de la Cruz

Alfredo Conde, autor de una de las más bellas novelas en gallego de los últimos treinta años - "Xa vai o grifón no vento" - acaba de declarar que al escribir en gallego los últimos veinte años estuvo "haciendo el parvo" (para quien no lo sepa, parvo en gallego significa lerdo, tontaina, tolai...). Alfredo añade después que escribir en gallego no es rentable. No voy a contradecirle: él sabrá. Pero vayan algunas precisiones.

Como regla general, uno debería escribir en el idioma en el que mejor lo haga. De darse la utopía - porque eso es lo que es - del bilingüismo absoluto, lo preferible es hacerlo en el idioma que le salga del corazón.

Suena cursi, así que rectifico: si puede hacerlo, que cada cual escriba en el idioma en que le dé la gana.

Es cierto que el público objetivo de los creadores gallegos es muy reducido: una comunidad de ochocientas mil personas no es el terreno mejor abonado para contar con un hueco editorial. Ocurre lo mismo a los autores de otras lenguas minoritarias por cuestión de población. A los rumanos. A los finlandeses. A los búlgaros.

Los autores que escriben en lenguas que están en inferioridad numérica tienen que asumir que, o bien no van a venderuna escoba, o bien necesitarán una dosis extra de talento para abrirse camino en el proceloso mundo de las letras. Aalto Passilina no ha tenido problemas para contar con muchos lectores. Tampoco Mircea Eliade, ni Tzvetan Todorov. Su talento era capaz de saltar por encima de obstáculos tan impracticables como la inferioridad de condiciones de su idioma.

Con los autores gallegos pasa igual: ni a Manuel Rivas, ni a Domingo Villar - por poner solo ejemplos de autores de grandes ventas - les afecta mucho el hecho de escribir en un idioma que no se habla más que un una comunidad autónoma que limita con Castilla, Portugal y - mar por medio - América y Gran Betaña.

El problema es que, por culpade un puñado de señoras y caballeros con unacara muy dura y, sobre todo, de una recua de políticos oportunistas y cobardones pertenecientes a la Xunta de Manuel Fraga se dejó crecer la especie de que el erario público gallego tenía la obligación de compensar la inferioridad numérica de los gallego parlantes y, en consecuncia, las limitaciones del mercado editorial para los escritores en gallego. Se abrió, pues, una veda demencial de ayudas públicas sin tasa, subvenciones y compras desmadradas de libros que se morían de vergüenza en los almacenes de la Consellería de Cultura.

Se decía que así se estaba ayudando al sistema editorial y a la cultura gallega. Yo creo que la mejor forma de cargarse una cultura es la de fomentar la estulticia y el todo vale en lugar de la excelencia. Por qué, en vez de comprar docientos ejemplares de un poemario infumable cuyo único mérito eera estar escrito en gallego normativo, no se invertía la misma cantidad de dinero en proveer todas las bibliotecas púbicas gallegas de un número suficiente de ejemplares de "¿Qué me queres, amor?", de "Morning Star", de "Galván en Saor" o de "Ollos de auga"? ¿Por qé no se fomentaba, con dinero público, las traducciones de autores que hubiesen sido rentables también en castellano? Respuesta: porque lo otro era más fácil: "publique usted lo que le salga de los cataplines, que si está en gallego oficial se lo compramos y punto". Cuando llegó el bipartito y la Conselleríade Cultura se convirtió en Talibanciñolandia, allí fue Troya. Como muestra postrera del disparate, aquel famoso viaje a Cuba con sopotocientos escritores que viajaron gratis total a tomar mojitos y a bailar sabroso porque, como comprenderá cualquiera, promocionar el libro gallego en un país donde: a) no se habla gallego y b) los libros cuestan el sueldo de un mes es,simplemente, una forma divertida de tirar el dinero. Eso sí, muchos se lo pasaron de coña.

Esta actitud perverasa, inventada por el siempre irresponsable Pérez Varela y disfrutada por aquella señora del BNG de la que nunca más se supo contribuyó a crear un sistema perverso donde sobrevivían demasiados autores que vendían más libros a la Xunta que a los lectores.

Cuando llegaron las vacas flacas y las nuevas políticas culturales, cuando se cerró este grifo desmadrado, muchos clamaron a gritos por lo que consideraban derechos adquiridos. Es lo que pasa cuando a uno lo acostumbran mal.

Entre los autores que escriben en gallego hay gente de todas clases: hay buenos y malos escritores, buenas y malas personas, tipos y tipas con talento y otros que no saben lo que es eso. Como en cualquier otro idioma del mundo. También hay un grupúsculo de intransigentes que quieren ver en la literatura su coto privado, su reino de Taifas, donde nadie venga a meter cuchara. Son los mismos que pusieron el grito en el cielo cuando Alfredo Conde ganó el Nadal con una novela que escribió en castellano porque le salió de... de....

Ahora, Alfredo cae del caballo, ve la luz, se disgusta, se indigna. Desde la admiración que le profeso y el cariño que le tengo, le aconsejo que se olvide de soflamas y se dedique a escribir como él sabe hacerlo (muy bien), y en el idioma que le salga de adentro. Amigo mío, mal estás si vas a dejar que te marquen el paso unos melones que no saben ni donde están, que viven anclados en la época de Maricastaña y que no soportan el éxito ajeno.

 

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